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Por Azufre_Antimonio - 1 de Abril, 2009, 23:14, Categoría: Departamento de información

Lentamente como todas las mañanas, comienzo a recuperar el control de mi cuerpo. Lenta, muy lentamente, comienzo a darme cuenta de todo.

El sol me da en la cara, de frente y directo. La litera parece ser más mullidita que de costumbre, suave pero áspera. Espera… ¿áspera? Las mantas del campamento son todo lo asquerosas que quieras, pero… ¿ásperas? No…

A lo mejor todo ha cambiado. A lo mejor sólo me he despertado del sueño de muertos vivientes y miedo. A lo mejor, si he tenido suerte, tengo que volver al colegio, examinarme de la PAU y… tal vez volver a ver a mi profesor de Geografía, a la de Historia… Hasta preferiría ver a la de Historia antes que…

Vale, vale, prepárate. Abre los ojos. Reza aunque no creas en Dios. Preparada… una… dos… tres. No, no, no me atrevo. Venga, vamos… yo puedo hacerlo, yo… vamos Tara

Abro un ojo lentamente, muy lentamente. Casi tan lentamente como de costumbre. El corazón me palpita con fuerza cuando veo el cielo despejado y me quedo pensativa. ¿Cielo azul? ¿No estoy en mi caseta?

Miro alrededor y veo que a mi lado está tumbado Alejandro, el estudiante de medicina. Me quedo de piedra mirándole. Eso significa que… ¿me dormí cuando él hablaba? No recuerdo haberle oído acabar. De hecho… no recuerdo nada más allá de un policía y un médico herido…

¿Me dormí? Oh, dios mío. Oh…. Dios. No puede ser. ¡¿Cómo se lo voy a poder explicar?!

Le miro fijamente y sonrío. ¡Qué tonta he sido durmiéndome! Ojala no se enfade demasiado, porque era un chico increíblemente agradable. Muy culto, además. Interesante… aunque me da la impresión de que tiene más pájaros en la cabeza que yo.

Alargo un brazo hacia él y le toco suavemente el hombro. Me doy cuenta de que la chaqueta es tan gruesa que le hace aparentar algo más de cuerpo del que tiene en realidad.

Le zarandeo un poco más fuerte. En todo este tiempo noto como he adelgazado muchísimo debido al racionamiento, al igual que todos los supervivientes. Además, nos hemos dedicado a trabajos manuales y muchas veces agotadores, con lo que nos hemos convertido en pequeños musculitos. Yo, que antes era más débil que cualquier mosca cojonera del parque de enfrente de mi casa, ahora me asombro de ver la cantidad de bultos que puedo cargar. Sin embargo, ese chico se nota que está encargándose de la parte intelectual de la supervivencia, pues parece más débil que cualquiera del campamento que se dedique a cargar mercancía.

Lentamente  abre los ojos y se me queda mirando. Le respondo con una sonrisa tímida e intuyo que me he sonrojado de vergüenza.

-Siento haberme dormido –le digo -, pero te avisé que no solía quedarme hasta tan tarde.

-No importa. Yo me dormí poco tiempo después. Pensé en despertarte para llevarte al campamento y que durmieras bien, pero supongo que tenía ganas de quedarme fuera una noche.

-¿Estás seguro? –pregunto con nerviosismo -¿No me vas a matar por haberme dormido en medio de tu relato ni nada parecido?

- No vamos a llegar muy lejos si nos empezamos a matarnos unos a otros –me sonríe él. Me siento más aliviada y suspiro.

-¿Qué hora crees que será? –pregunto de nuevo. El chico mira su reloj y me doy cuenta de que es diestro.

-Las 12 y mucho, casi la 1. Ya no llegamos al desayuno. ¿Te apetece dar una vuelta?

Miro al campamento que parece resurgir de la bruma de la mañana como de una película de terror. De hecho… estoy en una película de terror. ¿Por qué no?

-Claro –digo. Recogemos nuestras cosas, entre ellas mi grabadora que debió de haberla apagado él la noche anterior, mil gracias porque no hay pilas suficientes para malgastarlas, y comenzamos a andar -, pero solo un ratito pequeño, porque a las dos y media le toca a mi sector del campamento recoger el almuerzo.

-No te preocupes, estarás a las dos en tu sitio. Yo también tengo que entrar a clase.

-¿Es muy difícil medicina?

-Solo cuando tienes unos profesores que deberían ser cerdos en vez de personas y estás viviendo en una película de zombis –dice. Me rio ruidosamente y esto parece animarle -. ¿Y tú? ¿A qué te metiste, o sigues estudiando?

-Me metí en costura, aunque cuando hay que hacer más cosas, se hacen. Es… aburrido y poco útil para sobrevivir, pero mejor que ir a cortar leña. O que cultivar la comida.

-Eso es lo más peligroso, tienes suerte de que no te hayan mandado allí. Por curiosidad… ¿dónde te pillaron a ti los ataques?

Me paro en seco y desvío la mirada. Odio recordar todo eso…

-En un tranvía –contesto algo huraña. Me mira con curiosidad.

-¿Te molesta hablar de eso?

-Un poco.

-Perdona entonces –se disculpa. Volvemos a caminar en un tenso silencio durante un rato largo. Desvío la mirada hacia el campamento.

-Tal vez debería irme… no quiero llegar tarde –digo en voz baja. Alejandro asiente lentamente.

-Perdona, en serio. No quería que te sintieras mal…

-No te disculpes, no es nada. Sólo es que acabo de acordarme de que tengo que hacer unas cosillas antes de comer –miento. Aunque intuyo que sabe lo que estoy pensando, no estoy dispuesta a admitir que me duele hablar de lo que me ocurrió a mí. Recojo historias pero no cuento la mía, ese es mi trabajo. Los periodistas no debemos dar nuestra opinión nunca, y este chico al que acabo de conocer no debe saber jamás que se me llenan los ojos de lágrimas cuando todo lo ocurrido aquel martes de hace meses -. ¿Puedo abusar de ti un día más para que me acabes de contar o es mucho pedir? Prometo no dormirme –digo levantando la mano con un gesto de juramento. El chico se ríe.

-Cuando quieras

-Entonces te buscaré un día de éstos al salir de clase, como la serie. ¡Cuídese mucho! –le grito mientras me alejo corriendo hacia el campamento.

Que chico tan extraño, sonrío.

 

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