Photobucket

El Blog

Calendario

<<   Abril 2009  >>
LMMiJVSD
    1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30    

Sindicación

Alojado en
ZoomBlog

6

Por Azufre_Antimonio - 8 de Abril, 2009, 14:54, Categoría: Departamento de información

-¿Cuántos zombis hacen falta para cambiar una bombilla? –oigo que pregunta Ernesto desde la mesa. Me acerco a mi asiento habitual, entre Pablo y Sonia, con la bandeja de la comida en las manos. Sonrío y miró a Ernesto, esperando la respuesta.  El muchacho, con su habitual sonrisa bobalicona, nos mira encantado.

-No lo sé. ¿Cuántos? –pregunta Sonia. Ernesto se ríe entre dientes.

-¡Los suficientes para que la pila de cadáveres toque el techo! –grita. Se ríe, alto, muy alto para que todos lo oigamos, y no podemos evitar la mirarle como si estuviera loco. En la mesa pasa a reinar un silencio absoluto y Ernesto nos mira ofendido.

-Joder, reíros un poco… ¡Tampoco es el fin del mundo! –murmura. Todos sonreímos en ese mismo instante, desviando la mirada al suelo.

-Eso nos dicen si –sonrío con tristeza -, pero el hecho de que los muertos se estén levantando me hace pensar que están equivocados.

-Chicos… -dice muy bajito Estéfano, un hombrecito de aproximadamente mi edad que estuvo encerrado en la azotea de su edificio muchos días hasta que un helicóptero consiguió rescatarle – ¿Vosotros creéis que los muertos vivientes son capaces de poner una bombilla?

-¡Desde luego que no! Los muertos son incapaces de hace nada manual: tienen los dedos totalmente podridos.

-Pero… en el campamento se anda diciendo que uno vio una vez a un zombi manejando un cuchillo y asesinando con él… -murmura muy bajito. Pablo, un hombre de unos sesenta y largos años resopla mostrando su desacuerdo.

-Es imposible. Tienen los dedos podridos, te lo repito. No pueden manejar armas porque dudo que consigan separar los dedos unos de otros. ¿Acaso has visto a alguno mostrando algo de inteligencia? Se limitan a vagar por ahí y todo es culpa de la democracia. ¡Esto con Franco no pasaba! Ahora hasta los muertos se han creído que tienen derecho a levantarse.

-No seas exagerado…

-¡No soy exagerado! Nosotros con Franco nunca pasamos hambre y vivíamos como dioses. Lo que pasa es que a los jóvenes se les metieron en la cabeza ideales muy raros que ya ves donde nos han hecho acabar. Y todo eso, escuchadme todos –dice mientras nos señala amenazadoramente con el dedo –es por culpa de la televisión.

Comienza la comida. A estas horas apenas se nota la depresión continua a la que nos vemos sometidos, sino que se cambia por los chistes que hemos inventado durante el día y las anécdotas del trabajo. Como siempre, Sonia es la que nos da una pequeña visión de lo que ha ocurrido en la Escuela durante todas esas horas.

- Estoy cansada de todo ya… -murmura despacio. Mueve el tenedor en el plato sin llevarse la comida a la boca, pensativa.

-Todos lo estamos

-No. Estoy seguro de que vuestro trabajo, aunque sea más agotador no es tan frustrante como el mío. No… no creo que entendáis lo que es educar, o intentar educar a un montón de niños que ni siquiera tienen a sus padres en los que apoyarse. Todo… todo está tan… asqueroso. Los niños ya no tienen tiempo de pensar en su edad, no tienen tiempo de jugar con juguetes porque todos esos se los han arrebatado… –dice muy rápido. Se le quiebra la voz en ese momento y mira al cielo intentando no llorar.

Nadie en la mesa hace nada por intentar consolarla. El tiempo ha mermado toda la esperanza de que las cosas mejoren con el paso del tiempo y de que lleguen algún día a ser como antes. Miro fijamente mi plato, sin atreverme ni siquiera a moverme por la tensión que se respira.

Todos sabemos que seguramente el trabajo de Sonia sea el más difícil de todos los que nos han obligado a ejercer: tiene apenas 25 años y está cuidando e intentando educar a un montón de niños, muchos de ellos sin casa ni familia. Todos los días se debe enfrentar contra chavales de apenas siete u ocho años que han perdido la fe en todo.

-Disculpadme –dice mientras se levanta de la mesa dejando la bandeja con la comida aun intacta -. Podéis comérosla, no tengo hambre –dice antes de irse.

Nos miramos unos a otros, incapaces de decir nada, pero en cuanto desaparece por entre las casetas, el hambre hace estragos y nos tiramos encima de la bandeja intacta. Al final, nos la dividimos en partes iguales.

-Pues yo –murmura con la boca llena Ernesto –hoy he aprendido a arreglar los paneles solares. Es un coñazo muy grande, pero parece que no se nos volverá a estropear ninguno más en mucho tiempo.

Hace dos noches, pienso, se estropeó uno de los focos del campamento dejando sin luz a una zona bastante amplia del mismo. Este hecho, aparentemente insignificante, causó un gran revuelo y a algunas personas les dio la impresión de que con la oscuridad los monstruos les iban a atacar más fácilmente. La consecuencia de todo ese desvarío es que se tuvieron que realojar en cabañas y tiendas que sí estuvieran iluminadas. Sin ir más lejos, yo tuve que soportar dormir con nueve personas más en una tienda que normalmente ocupamos seis, ya que todo el mundo quiso meterse en las pocas cabañas que eran de madera y la mía fue una de las primeras que las que se hizo de éste material.

-Pues yo me muero de sueño… hoy bajé desde bien pronto con los camiones al bosque para seguir talando árboles.

-¿Cuántas cabañas tenemos ya? –pregunto pensando en otro posible apagón.

-¿Contando las torres de vigilancia?

-No, no. Sólo cabañas para civiles.

-Seis, y creo que en una semana tendremos una más. Si seguimos a este paso en unas… setenta semanas o así estaremos todos realojados.

-Ojalá –dice Estéfano. Acabo mi plato y veo que el sol ya hace rato pasó el punto más alto.

-Chicos, tenemos que irnos al taller, que ya debe de ser la hora –digo levantándome. Pablo asiente conforme y Ernesto me mira pensativo.

-¿Toca clase de costura? –pregunta.

-Como todos los días. Vámonos, que seguramente hoy nos enseñen… no sé, la eficacia de asfixiar a los zombis con una cuerda de nilón casera o alguna mariconada de esa –digo. Estéfano y Ernesto se ríen y se levantan detrás de mí.

Permalink :: 30 Comentarios :: Comentar | Referencias (0)

Blog alojado en ZoomBlog.com