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25 de Diciembre, 2009

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Por Azufre_antimonio - 25 de Diciembre, 2009, 13:17, Categoría: Departamento de información

... Y por fin, un nuevo capítulo de GCLMV. Lo que nos ha costado encontrar la musa, espero que por lo menos haya valido la pena y que les guste ^^

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-¿Por qué iban a ir a salvar a Reinier si sabían que estaba perdido? –pregunto. Me mira y casi noto como me está analizando, cosa que me pone muy nerviosa. Al cabo de unos segundos abre la boca, pero no dice nada.

-No lo sé, la verdad. Supongo que en aquella época me importaba más la gente –contesta al cabo de unos segundos más. Pensé que se le enfriarían las cuerdas vocales como siguiera con la boca abierta sin decir nada mucho tiempo más. Tengo frío.

- ¿Ahora ya no te importan tanto? –pregunto. Es una pregunta trampa, porque yo misma podría contestarla: no. Ahora ya eso casi no significa nada, la palabra de uno tiene el mismo valor que la palabra de cualquier otro. Pero, sobre todo, lo que tiene importancia son los hechos y los actos. Han matado a la inmensa mayoría de los ciudadanos del planeta, los supervivientes no estamos para juegos. Lo que una persona significara para ti en el pasado hoy en día te da igual. Si tu hermana pequeña  ha sido mordida, no dudas en pegarle un tiro en la cabeza antes de que se convierta. Si le tienes mucho cariño llegas a plantearte si dejarla abandonada o matarla, pero nunca querrás quedarte a su lado. Los que no fueron capaces de actuar así, no vivieron lo suficiente como para llegar a este campamento.

- Aún me sigue importando -rompe el silencio -aunque sea un poco. No estoy tan deshumanizado como mucha de la gente de aquí, la verdad. Creo que todavía las cosas se pueden arreglar. Ten en cuenta el poco tiempo relativamente que llevamos aquí. Aún no han podido cerrarse las heridas emocionales. Y éste no es precisamente un ambiente adecuado… sí, tenemos comida y agua, pero nos falta todo lo demás.

-Porque estamos detrás de unos muros en un sitio alejado de la mano de Dios. Los zombis –digo yo pensativa -no se plantean si aquí habrá alguien o no,  y lo bueno es que estamos tan lejos de todo que ni siquiera nos huelen. Eso es lo que nos ha mantenido vivos, nada más. Nada de fuerza humana, ganas de vivir o cualquier otra majadería que se ve mucho en las películas americanas. Dudo que  nadie vaya a sacarnos de aquí. Yo creo que cuanto antes lo entienda la gente, más fácil será todo.

-Ya, supongo que tienes razón. Todos vamos a morir aquí. Algunos dentro de unos meses, otros dentro de muchos años, pero creo que hay que hacerse a la idea de que ésta es nuestra vida ahora. Pero no creo que un trauma como éste se consiga olvidar o por lo menos superar del todo. Si seguimos viviendo, aunque sea como lo hemos estado haciendo todos estos meses, sólo se conseguirá superar del todo cuando nuestra generación esté más que muerta y enterrada y nuestros hijos hayan tenido hijos. Tal vez entonces esa generación consiga hacerse a la idea de que los muertos vivientes son algo normal en el mundo.

Me quedo callada un rato largo, pensando en todo lo que ha dicho. Tenía claro que tardaría mucho tiempo en poder volver a vivir como antaño sin preocupaciones y siendo feliz, pero nunca me había parado a ponerle fecha. Es doloroso pensar que por algo ajeno a ti vayas a tener que estar toda tu vida amargado, porque realmente creo que no me lo merecía tanto como se lo podían merecer otros.

-Oye, ¿estás bien? –me pregunta. Asiento un poco en silencio –Si quieres, puedes contarme lo que piensas. Tal vez así te sea más fácil todo –susurra. Noto su aliento en mi pelo y me pongo nerviosa, no sé si por la oscuridad que no permite ver acercarse nada de lo que te puede atacar o por el hecho de que esté tan cerca de mi cuello desprotegido. Maldita la hora es que me metí debajo es esta chaqueta.

-Creo que esta postura no me gusta –le digo. Se queda callado y me doy cuenta de que pude haberle ofendido - Me da la impresión de que tan de noche hay cualquier cosa que nos puede atacar sin que nos demos ni cuenta de que se ha ido acercando.

-Si es por eso no te preocupes demasiado, sabes que tenemos  a un equipo de soldados patrullando por todos sitios –me contesta. Noto como afloja un poco la presión de los brazos para que pueda alejarme si quiero. Me planteo seriamente el ponerme en frente de él, pero eso significaría salir del calor corporal y no me apetece nada pasar frio. Me doy la vuelta como puedo, acabo con mi cabeza a la altura de su cuello y apoyo mi cabeza entre ambas clavículas, a la altura de su esófago. El calor entra a través de mis mejillas y casi puedo notar como calienta mi alma.

-¿Crees que si estuviéramos en el Caribe y nos hubiera pasado esto sería menos traumático? –le pregunto.  Oigo su corazón desde aquí y cierro los ojos para escucharlo mejor. No sé hace cuanto no escucho el corazón de alguien latir tan fuerte, tan seguro de sí mismo. La  verdad es que me hacía falta alguna muestra así de humanidad…

-Tal vez el calor ayude. El índice de depresiones y suicidios siempre ha sido menor en países soleados. Sí que si lo miras así es más que probable que en el Caribe se lo estén pasando un poquito mejor que nosotros en el Teide.

-¿Por eso los cubanos se les ve tan contentos siempre bailando? –le pregunto riéndome. Corresponde con una sonrisa y asiente ligeramente. Pasa los brazos por detrás de mi espalda, dándome aún más calorcito y me acurruco un poquito más contra él y su corazón, que sigue latiendo con tranquilidad.

-¿Quieres mejor que lo dejemos por hoy? Hace demasiado frio y no deberíamos luchar por ponernos malos como lo estamos haciendo –dice.

Sinceramente, no quiero alejarme de algo que me está aportando tanta tranquilidad como lo está haciendo su corazón. Estoy tan a gusto como no lo he estado en todo este tiempo en el campamento. Ahora mismo me iba a dar igual si repartieran chocolatinas en otro lugar, que yo iba a permanecer aquí, en paz. Con todo este silencio en el que lo único que se escucha es el hipnótico martilleo del corazón, casi da la sensación de que los zombis nunca han existido y que sólo se trata de una película más.

Pasa el tiempo, pero me da igual. Adoro este calor, adoro este sonido y adoro esta oscuridad que trae paz. Estoy totalmente embobando el tacto, el oído y la vista con cosas que, en su conjunto, traen una tranquilidad que desearía haber descubierto antes. Noto la respiración tranquila de Alejandro y me separo poco a poco de él, haciendo un esfuerzo sobrehumano. Pero no puedo estar aprovechándome de él porque no es sólo una estufa humana. Sinceramente, esto tan lógico se me olvidó mientras estaba ahí tumbada.

Le miro, sentada enfrente de él, y él me mira. Nos quedamos allí, yo con cara de sueño profundo y él con cara de… bueno, no sé de qué tiene cara ahora mismo. Alarga la mano y me acaricia un poco la mejilla, casi con cariño.

-Vámonos, que tienes mucho sueño –dice mientras se levanta. Me da la mano para auparme y se la estrecho, dejándome levantar. Caminamos el sendero hacia el campamento en silencio, sin nada que decirnos porque el calor ya casi lo ha dicho todo por nosotros. Pronto llegamos al campo de luz que ofrecen los focos y me paro en seco, mirándole.

-Acompáñame sólo hasta aquí o tendré que darle muchas explicaciones de con quién he estado a Sara, ¿vale? No quiero tener ahora un interrogatorio cuando llegue –suspiro. Él asiente y se acerca, dándome un ligero beso de despedida en la mejilla.

-Te he apagado y guardado en la chaqueta la grabadora –me dice. Le miro con intriga al descubrir que es cierto lo que dice. No recuerdo haberle notado hacer ninguna de las dos cosas… -Estabas dormida cuando lo hice.

-Espera… ¿me dormí? –pregunto. Él asiente.

-¿No lo habías notado? –se ríe ligeramente. Niego con la cabeza y se vuelve a reír. Correspondo con una sonrisa antes de darme media vuelta.

-Buenas noches. Dentro de unos días volveré para que acabes la historia.

-Eso espero. Ya queda realmente poco para llegar al final. Buenas noches, Tara.

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